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Montenegro y el BERD abren una nueva era: qué significa la inversión de 215 millones para el inversor español

Por Joseph Sultan — Podgorica, Montenegro · Publicado el 10 de julio de 2026 · 7 min de lectura
Montenegro y el BERD abren una nueva era: qué significa la inversión de 215 millones para el inversor español

La inversión récord del BERD en Montenegro señala un giro en infraestructura, energía y digitalización de los Balcanes — y las empresas españolas están posicionadas para liderar.

PODGORICA — Montenegro y el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) han anunciado un paquete de inversiones de 215 millones de euros en infraestructura, energía y digitalización. Es la mayor inyección anual del banco en el país. Pero la noticia no es el dinero. Es lo que el dinero revela sobre el momento que vive Montenegro y sobre la pregunta que nadie se atreve a formular en voz alta.

En 2025, el BERD invirtió 215 millones de euros en 18 proyectos en Montenegro. No es un récord cualquiera: es el volumen más alto y el mayor número de proyectos desde que el banco comenzó a operar aquí. La mitad de esa cantidad se destinó a la transición verde —digitalización de la red eléctrica, eficiencia energética, energías renovables. Dos tercios de los proyectos incluyeron criterios de igualdad de género e inclusión económica.

Detrás de las cifras hay un mensaje: Montenegro está utilizando la inversión internacional como herramienta para reescribir su propia narrativa. Y el BERD, con su nueva estrategia quinquenal que se aprobará en septiembre, ha decidido apostar fuerte por ello.

El proyecto estrella es la continuación de la autopista Bar–Boljare, específicamente el tramo Mateševo–Andrijevica. El BERD aporta 200 millones en préstamo; la UE, 150 millones en subvención —la mayor que ha concedido jamás a Montenegro. La autopista conectará el puerto de Bar con la frontera serbia, integrando el norte subdesarrollado del país en las redes transeuropeas de transporte.

No es solo una carretera. Es una declaración de intenciones. Alrededor, el paquete incluye la circunvalación de Podgorica, la modernización del ferrocarril Bar–Golubovci y la digitalización de la red eléctrica.

La ampliación del parque eólico Gvozd, con un préstamo adicional de 26 millones, elevará su capacidad de 55 a 75 megavatios. Será el mayor parque eólico del país, produciendo energía limpia para más de 35.000 hogares al año.

Ekaterina Solovova asumirá el 1 de septiembre como nueva jefa de la oficina del BERD en Montenegro. Procede de Albania, donde lideró inversiones de 900 millones en más de 90 proyectos. Tiene dos décadas de experiencia en finanzas de desarrollo.

Su nombramiento no es un relevo burocrático. Es la apuesta del BERD por alguien que conoce el terreno y que entiende que el verdadero desafío no está en firmar los acuerdos, sino en hacer que los proyectos se materialicen.

Montenegro está haciendo muchas cosas bien. Pero la pregunta que un periódico de los Balcanes debe hacerse es la que nadie formula en las ruedas de prensa: ¿qué pasa cuando los proyectos se topan con la realidad?

La autopista Bar–Boljare es un proyecto faraónico con años de retrasos y sobrecostes. La constructora del tramo Mateševo–Andrijevica es la china POWERCHINA-STECOL, con un contrato de 694 millones de euros para cinco años de obra. La pregunta no es si la carretera se construirá —se construirá— sino a qué coste, en qué plazo y con qué impacto en la deuda pública.

Montenegro no es solo Montenegro. Es el país que más ha avanzado en el camino hacia la UE en toda la región. Lo que ocurre aquí —éxitos y fracasos— se lee en Sarajevo, en Belgrado, en Skopje como un ensayo general del futuro.

Si Montenegro ejecuta este paquete de inversiones sin desviaciones, si la autopista se termina, si el viento mueve los aerogeneradores, si la fibra óptica llega al norte, el BERD habrá demostrado que su modelo funciona. Si fracasa, será un recordatorio de que en los Balcanes los préstamos internacionales no bastan. Hace falta algo más difícil de financiar: capacidad institucional, continuidad política y, sobre todo, tiempo.

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